El frenazo de Chile
Andrés Oppenheimer
SANTIAGO DE CHILE - Cuando entrevisté a la presidenta Michelle Bachelet esta semana, rondaban informes de prensa que estaba enferma, aislada y deprimida por las últimas encuestas que muestran que el 75 por ciento de los chilenos tiene una opinión negativa de su gobierno. Sin embargo, si estaba deprimida, no lo parecía.

Tranquila y sonriente, Bachelet me dijo durante la entrevista en el palacio presidencial que Chile — al igual que el resto de Sudamérica —está sufriendo de un clima externo adverso por la desaceleración económica de China y la caída de las materias primas. Se proyecta que la economía chilena caerá de un promedio del 5 por ciento en años recientes a un 2.3 por ciento este año, señaló.

Para empeorar las cosas, los últimos escándalos de corrupción política — incluyendo un dudoso negocio de compra de tierras que benefició a su propio hijo — y el aumento de las tasas de delincuencia han erosionado la confianza en los políticos y en las instituciones, en un país que se enorgullecía de ser uno de los menos corruptos y más seguros de América Latina.

Pero Bachelet rechazó las acusaciones de que su gobierno de izquierda es en gran parte responsable del clima de zozobra que hay en Chile.

Sus críticos dicen que sus reformas educativa, fiscal y laboral están destruyendo las políticas económicas pro-empresariales que atrajeron inversiones, generaron crecimiento económico y redujeron la pobreza en los últimos años. En las últimas tres décadas, Chile ha reducido la pobreza del 40 por ciento al 7 por ciento de la población, más que cualquier otro país de la región, según cifras oficiales.

“Hasta hace poco, la pregunta que nos hacían era: ‘¿Cómo hace Chile para avanzar tan rápido?’. Ahora nos preguntan: ‘¿Qué le pasa a Chile que está abandonando el camino que tanto éxito le dio en las últimas tres décadas?’”, dice el ex presidente y líder opositor Sebastián Piñera. “Estamos pasando del ‘milagro chileno’ a lo que muchos denominan ‘la decepción chilena’”.

Bachelet me dijo que estas expresiones de pesimismo son exageradas. Un visitante de la capital que habla con la gente de negocios y lee algunos medios de comunicación puede llevarse la impresión de que el país está en crisis, “pero si usted va a otros lugares del país, el ánimo es completamente distinto”, me dijo.

Sí, el crecimiento económico se ha reducido, pero muchos chilenos pobres tendrán acceso gratuito a la educación, y se van a beneficiar de otras reformas sociales, señaló. “Se ve solamente el vaso medio vacío, nunca medio lleno”, añadió.

Le recordé a la mandataria que su propio ministro de la Presidencia, Nicolás Eyzaguirre, le dijo al diario El Mercurio días atrás que “la gestión del gobierno no ha sido buena”, y que “estábamos metidos en una vorágine de reformas que no íbamos a ser capaces de diseñar apropiadamente ni de tramitar políticamente, sin provocar excesivos conflictos”.

Cuando le pregunté a Bachelet si avala plenamente lo dicho por su ministro, al principio pareció minimizar la importancia de su auto-crítica. Dijo que, como encargado de hacer aprobar las reformas en el Congreso, Eyzaguirre se refería principalmente al hecho de que había muchas reformas que estaban siendo empujadas simultáneamente.

Pero Bachelet agregó que lo dicho por Eyzaguirre está en línea con la decisión previa de su gobierno de “repensar” la agenda de reformas y “ver cuáles son las prioridades reales” a luz de las nuevas condiciones internacionales más adversas. Esto ser hará sin abandonar su programa de gobierno original, dijo, porque Chile necesita crecimiento económico, pero también una mejor distribución de la riqueza.

Mi opinión: En comparación con sus vecinos, Chile no está tan mal como lo ven la mayoría de los chilenos. Mientras que la economía de Chile crecerá un 2.3 por ciento este año, el crecimiento promedio de Latinoamérica será de un pobrísimo 0.5 por ciento este año.

Pero Bachelet se tomó demasiado tiempo para llegar a la conclusión de que tendrá que “repensar” el ritmo de sus reformas a luz del empeoramiento del clima económico mundial. Y a veces da la impresión de no estar plenamente convencida de que sin crecimiento económico, Chile no podrá erradicar la pobreza.

Sudamérica, incluyendo Chile, enfrenta años difíciles por la desaceleración económica de China, la caída de las materias primas, la huída de inversionistas internacionales a países más seguros, y la posibilidad de que Reserva Federal de Estados Unidos pronto eleve sus tasas de interés.

Bachelet debería indicar con más contundencia de que el entorno mundial ha cambiado, y de que la primera prioridad de Chile debe ser recuperar sus tasas de crecimiento anteriores. Si no se concentra en ese objetivo, no pasará a la historia como una defensora de los pobres, sino como la presidenta que arruinó la mayor historia de éxito de la historia reciente de América Latina.

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